AFECTIVIDAD


afectividadEl ser humano es un ser racional, es decir, es un ser que piensa, tiene una lógica y posee la capacidad de reflexionar para tomar decisiones. 

Pero además del plano racional, el ser humano también está marcado por su parte afectiva que remite a los sentimientos del corazón. 

Todo ser humano necesita sentirse querido, valorado y reconocido por alguien porque el cariño aporta autoestima y felicidad. 

Las relaciones sociales, las amistades, el amor de pareja, la familia y el compañerismo cubren las necesidades afectivas de un ser humano a través de los momentos compartidos en común, la retroalimentación constante y las palabras de afecto.

Sin embargo, la afectividad también puede ser una fuente de conflicto como muestran las heridas de las rupturas de pareja, el dolor tras la pérdida de un ser querido, el miedo al fracaso, la decepción de un amigo... 

Uno de los aprendizajes más importantes y necesarios es el de decir te quiero con naturalidad. 

Algo que cuesta de una forma especial a las personas que son muy reservadas y que han sido educadas en un ambiente muy rígido a nivel emocional. 

En este sentido, conviene aprender a decir te quiero antes de que sea demasiado tarde. 

Muchas personas se arrepienten de no haber expresado sus sentimientos de forma adecuada a sus padres. 

Gozar de una afectividad positiva supone mejorar la comunicación con los seres queridos más cercanos. 

Uno de los errores habituales es esperar que los demás adivinen tu pensamiento. 

Evita cometer este errror a través de la comunicación. 

Expresa tus necesidades de forma abierta haciendo peticiones concretas. 

Por ejemplo, si echas de menos a un amigo del que te has distanciado recientemente, anímate a expresar tu sentimiento interior con naturalidad. 

El diálogo entre dos personas sirve para crear puentes de unión y derribar muros emocionales que son barreras en la afectividad. 

La incomunicación es uno de los grandes problemas que produce dolor y soledad a nivel afectivo.

Conviene precisar que más allá de los cambios habituales de cada momento histórico, el ser humano sigue siendo el mismo en su afectividad a lo largo de la historia. 

Los seres humanos se han enamorado de la misma forma en cualquier momento, han sentido las mariposas en el estómago y el miedo ante el rechazo. 

Por tanto, para conocer bien a otro ser humano, en primer lugar, tienes que conocerte bien a ti mismo y saber quién eres para saber qué necesitas y qué te hace sentir bien.

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