¿POR QUÉ A LOS “TRABAJADORES DE LA LUZ” SE NOS ESTÁN CERRANDO LOS CAMINOS?

Cuando los “trabajadores de la luz” nos dedicamos a querer “sanar” a otros, para no mirar lo nuestro, se nos van cerrando caminos.

Si tenemos aprendizajes pendientes que tienen que ver con nuestras elecciones para esta vida y no los estamos completando, o si tenemos ataduras de nuestro pasado que no hemos resuelto, se nos cierran caminos.

No se nos cierran los caminos para castigarnos, sino para darnos la oportunidad de no seguir tapando, con la ayuda a otros, nuestros propios asuntos pendientes.

A los “trabajadores de la luz” no se nos exime del trabajo que hemos de realizar para conseguir poner nuestra parte humana (ego) a nuestro servicio.

Si no realizamos este trabajo, seremos nosotros los que estemos al servicio de nuestro ego (y no podremos ir creciendo y evolucionando personal y espiritualmente como nos correspondería, con las consiguientes consecuencias que esto traerá).

¿Qué sucede si, en nuestro día a día, no vamos realizando este trabajo de poner nuestra parte humana al servicio de nuestra parte de luz, y permitimos que sea la parte humana la que nos vaya dirigiendo?

¿Qué se nos ocurre que estamos haciendo, desde nuestra parte humana, cuando una vez tras otra se nos está mostrando aquello que debemos ver y que no estamos dispuestos a ver?…

Lo que hacemos es que lo disfrazamos, que lo enmascaramos, que lo negamos, que lo ocultamos, que lo tergiversamos, que lo tapamos…

Amparándonos en ese supuesto halo de luz y consciencia en el que ficticiamente nos auto-colocamos como trabajadores de la luz, nos sentimos con fuerza para disfrazar, enmascarar, negar, ocultar o tergiversar aquello que se nos muestra,  para evitar así mirar más profundo.

Sin embargo, los trabajadores de la luz no somos inmunes, no estamos exentos de realizar el propio trabajo de crecimiento personal y evolución espiritual que cada uno de nosotros elegimos antes de encarnar.

Por este motivo, ¿qué nos sucede cuando nos empeñamos (ya sea consciente o inconscientemente) en no mirar más profundo, impidiéndonos así el aprendizaje que nos permita el crecimiento y evolución personal y espiritual que nosotros mismos elegimos llevar a cabo en esta existencia?

La consecuencia más o menos inmediata y más o menos intensa (en función del momento de vida en que nos encontremos y de las veces que hayamos dejado pasar lo que debíamos ver) será irnos cerrando caminos.

Los caminos se nos cierran para darnos la oportunidad de que podamos MIRAR en la dirección de aquello que tenemos pendiente.

Se nos ayuda por tanto, una y otra vez, para que podamos retornar al momento en que abandonamos nuestros propios aprendizajes y los realicemos. 

El miedo, la necesidad de ser reconocidos y valorados por los otros, o el ejercer poder sobre ellos desde la manipulación, son algunos de nuestros trabajos pendientes.

El creernos más que los otros -más “luminosos”, más evolucionados, o mejores- nos cierra puertas, porque somos absolutamente iguales que nuestros hermanos de camino y tenemos, al igual que ellos, nuestros propios aprendizajes pendientes (sólo que con tareas y misiones diferentes para poder llevarlos a cabo).

No nos diferencia el fin, sino el medio que cada uno de nosotros elegimos para alcanzar ese fin.

Muchos de nosotros a veces dejamos de estar en la luz, pero no somos conscientes de ello, porque confundimos nuestro deseo de seguir en la luz con el encontrarnos realmente en ella.

Por este motivo, es muy importante que nos hagamos conscientes de que no podemos continuar en la luz sólo desde nuestro deseo, si la energía que mueve nuestros pensamientos, emociones y actos nos está apartando de ella.

Por ejemplo: ¿Qué ocurre si, ejerciendo como trabajadores de la luz, conectamos con el miedo porque es un aprendizaje que tenemos pendiente, y nos dejamos llevar por la energía de miedo?

Como estamos en tiempo de hacernos conscientes, se nos mostrará -dándonos la oportunidad de agrandar los ojos de nuestro conocimiento y nuestra consciencia- que no podemos seguir adelante con el “todo vale”; porque ¡no todo vale!

No vale, por ejemplo, cuando conectamos con nuestro propio miedo a perder el trabajo -al observar cómo paulatinamente va disminuyendo el volumen de personas que llega a nosotros- e intentamos mantener ese volumen de trabajo como sea y a cualquier precio, sin cuestionarnos ni hacernos conscientes de qué nos está mostrando esta situación que vivimos (de cuál es el aprendizaje que trae para nosotros).

Cuando miramos para otro lado y no trabajamos lo que nos llega desde el crecimiento y la evolución, entonces permitimos, aunque sea inconscientemente, que se nos “cuele” aquello que tenemos pendiente.

En este caso del miedo que he expuesto, si no echamos una mirada profunda y honrada hacia nuestro interior (que nos permita conectar y hacernos conscientes de nuestro propio miedo y poder sanarlo) es muy fácil que se lo proyectemos a otros, en un intento de sacudírnoslo.

Una forma bastante habitual de comportarnos -en la que se puede observar muy fácilmente la proyección de nuestro propio miedo sobre los otros- es cuando les colocamos nuestro miedo a ellos al objeto de crearles una dependencia de nosotros.

Con esta dependencia buscamos seguir obteniendo un beneficio económico que nos permita “continuar tapando” nuestro propio miedo.

Es decir, alimentamos y potenciamos el miedo que les hemos “colocado” a ellos, al objeto de poder hacerles supuestos rituales sanadores que nos reporten el beneficio económico necesario para evitar tener que enfrentarnos nosotros a nuestro propio miedo (de esta manera, al seguir percibiendo ingresos económicos no conectamos con el miedo que nos supondría la posibilidad de perder nuestro trabajo)

Esta forma de proceder, movida por la energía de nuestros asuntos pendientes (como en el caso indicado, por la energía de nuestro propio miedo) ya no se nos permite.

Y si nos empeñamos en seguir moviéndonos en energías de miedo, rabia, juicio, culpa, castigo… entenderemos por qué se nos están cerrando los caminos para trabajar con otros.

Da igual que seamos maestros en alguna disciplina como el Reiki, el Yoga, incluso los Registros Akáshicos.

Los maestros de cualquier disciplina también estamos llamados a completar nuestros aprendizajes pendientes, a través de las situaciones que vivimos.

Y si no los vamos completando, nos veremos igualmente afectados.

He podido ver maestros de estas tres disciplinas rebelándose ante lo que no querían ver.

Sus egos estaban movidos por energías de juicio, miedo o rabia, y no estaban por la labor de hacerse conscientes de ello.

En lugar de realizar sus aprendizajes pendientes, prefirieron buscar atajos para sortearlos.

¡Pero no lo han conseguido! Porque si lo que tenemos que ver y aprender forma parte de los aprendizajes que elegimos para esta vida, se nos cerrarán los caminos, una vez y otra, hasta que tomemos conciencia de que seguimos teniendo esos aprendizajes pendientes y los completemos.

Por tanto, las energías que portamos pueden convertirse tanto en ataduras que frenen nuestro avance como en la llave que nos permite liberar lo pendiente (en función de lo que cada uno de nosotros hagamos con ellas)

Tomemos conciencia de que, trabajar en la luz, no es un derecho que hemos adquirido de por vida hagamos lo que hagamos y nos mueva la energía que nos mueva.

Ser trabajador de la luz no es un cargo vitalicio, aunque podamos haber creído que sí.

No podemos seguir tapando, con la excusa de ayudar a otros, nuestros propios asuntos pendientes.

Es hora de que nos hagamos cargo de ellos: pasándolos al consciente y realizando el aprendizaje que nos corresponda.

Si lo hacemos así, nos moveremos en la energía de nuestro Cuerpo de Luz, fluiremos con la vida y nos permitiremos ser guiados.

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