EL QUINTO ACUERDO (Resumen)

Tú estás programado para ser tú, seas lo que seas, y lo que tu mente piense que eres no afecta en lo más mínimo al programa.

El programa no está en la mente pensante.

Está en el cuerpo, en lo que denominamos el ADN, y al principio instintivamente sigues su sabiduría.

Cuando eras un niño
pequeño.

Sigues lo que te gusta y tratas de evitar lo que no te gusta.

Una vez que aprendemos a hablar, los seres humanos que se ocupan de cuidarnos nos enseñan lo que saben y esto 
significa que nos programan con conocimientos.

Aprendamos cómo ser un hombre o una mujer según
la sociedad en la que nacemos.

Aprendamos cómo
comportarnos “correctamente” en nuestra sociedad, lo que
significa cómo ser un “buen” ser humano.

Por miedo a ser castigado o por miedo a no recibir una
recompensa empezamos a tratar de complacer a otras
personas.

Intentamos ser buenos porque la gente mala no
recibe recompensas y se la castiga.

No tenemos la oportunidad de escoger nuestras creencias;
se nos dice qué creer y qué no creer.

Todo el mundo tiene una opinión sobre nosotros y nos dice
lo que somos.

El único modo en el que podemos vernos
a nosotros mismos es a través de un espejo, y la gente
desempeña el papel de ese espejo.

Vemos nuestra imagen en esos espejos, estamos de acuerdo
en que eso es lo que somos, y tan pronto como estamos de
acuerdo, esa opinión pasa a formar parte de nuestro sistema
de creencias.

Poco a poco todas esas opiniones modifican
nuestro comportamiento, y en nuestra mente formamos
una imagen de nosotros mismos según lo que otra gente
dice que somos.

Y como no está bien para nosotros ser lo que somos
empezamos a fingir que somos lo que no somos.

Tras la documentación, intentamos ser suficientemente
buenos para los demás, pero ya no somos lo bastante
buenos para nosotros mismos, porque nunca podremos
cumplir con nuestra imagen de perfección.

Los símbolos nos dicen lo que creemos sobre nosotros
mismos; nos dicen lo que somos y lo que no somos, lo que es posible y lo que no lo es.

No finjas ser lo que no eres.

Eres lo que crees que eres.

“¿Qué crees que eres?”

Si utilizas tu conciencia, verás todo lo que crees y es así
como vives tu vida.

Tu vida está totalmente dominada por el sistema de creencias que aprendiste.

Cualesquiera que sean tus creencias están creando la historia que estás
experimentando.

Lo que crees sobre tí mismo no es real y no es importante, a
menos que quieras crear una historia mejor para tí.

La palabra constituye tu poder de creación y ese poder
puede utilizarse en más de una dirección.

Una dirección es la impecabilidad, en la que la palabra engendra una preciosa historia; tu cielo personal en el mundo.

La otra dirección es la del uso erróneo de la palabra que destruye todo lo que te rodea y crea tu infierno personal.

Nada puede existir sin la palabra, porque la palabra es lo
que utilizamos para crear todo lo que conocemos.

No utilizarás tu conocimiento contra tí mismo, lo que
significa que tu voz del conocimiento no utilizará la palabra para juzgarte, declararte culpable y castigarte.

Tu mente es tan poderosa que percibe la historia que tú mismo creas.

Si creas juzgándote a tí mismo, entonces creas un conflicto
interior que no es más que una pesadilla.

Ser impecable con tus palabras significa realmente no utilizar nunca el poder de las palabras contra tí mismo.

Cuando eres impecable con las palabras, nunca te traicionas
a tí mismo.

Nunca utilizas las palabras para chismorrear sobre tí mismo, ni para esparcir veneno emocional contando
chismes sobre otras personas.

El chismorreo es la forma
principal en la que la sociedad se comunica, y aprendemos
a chismorrear por acuerdo.

Lo que ves en el espejo es una copia de la realidad que creas
con la capacidad de tus ojos y de tu cerebro.

Todo lo que percibes es un reflejo de lo que es real, igual
que los reflejos en un espejo, salvo por una diferencia
importante.

Al otro lado del espejo no hay nada, pero detrás de tus ojos hay un cerebro que intenta darle un sentido a todo.

Este acuerdo te proporciona la inmunidad en la interacción
con los personajes secundarios de tu historia.

No tienes que preocuparte por los puntos de vista de otras personas.

Proporciona una gran entrada para alcanzar la libertad
personal, porque ya no tienes que regir tu vida según la
opinión de otras personas.

Podríamos decir que todo conflicto es el resultado de las
mentiras, porque la verdad carece de cualquier clase de
conflicto.

La verdad no necesita demostrarse a sí misma:
existe, creamos en ella o no.

Las mentiras sólo existen si
las creamos nosotros y sólo sobreviven si creemos en ellas.

Quien quiera que crea en la verdad, vive en el cielo.

Quienquiera que crea en las mentiras, más tarde o más
temprano, vivirá en el infierno.

Los seres humanos creamos las mentiras y después las
mentiras nos controlan a nosotros.

Pero, tarde o temprano,
llega la verdad y las mentiras no pueden sobrevivir ante la
presencia de la verdad.

Sólo vemos lo que queremos ver; sólo oímos lo que queremos oír.

Nuestro sistema de creencias es exactamente como un
espejo que únicamente nos muestra lo que creemos.

Hacer suposiciones es sencillamente buscarse problemas, porque la mayoría de las suposiciones no son la verdad; son ficción.

Una suposición conduce a otra suposición; sacamos
precipitadamente una conclusión y nos tomamos nuestra historia muy personalmente.

Entonces culpamos a otras personas.

Las suposiciones no son más que mentiras que nos decimos
a nosotros mismos.

Hacer suposiciones no es otra cosa que buscar un drama
cuando no existe ninguno.

Si no tomarte nada personalmente te proporciona
inmunidad en la interacción con otras personas, no hacer
suposiciones te proporciona inmunidad en la interacción
contigo mismo, con tu voz del conocimiento, o con lo que
llamamos pensar.

Si no hacemos suposiciones podemos centrar nuestra
atención en la verdad, no en lo que creemos que es la
verdad.

Entonces vemos la vida tal como es, no como
queremos verla.

Aprendemos cientos, incluso miles de símbolos, cuentos
y supersticiones.

El símbolo de Santa Claus demuestra de qué modo creer en una mentira, aunque sea inocente, puede hacer surgir emociones que sentimos como un fuego que quema en nuestro interior.

Las emociones son reales; son parte de la verdad, pero
la razón por la que las estamos sintiendo no lo es.

No es verdad; es ficción.

Si te preguntas por qué en ocasiones te sientes desdichado, es porque te estás contando una historia que no es verdad, pero tú te la crees.

El sistema de creencias gobierna la vida humana como un tirano.

Nos despoja de nuestra libertad y nos convierte en sus esclavos. Se apodera de nuestro yo real, la vida humana, ¡y este sistema ni siquiera es real!

Nuestro yo real permanece oculto en algún lugar de la mente y, cuando llegamos a ese punto, lo que controla la mente es todo lo que sabemos, todo lo que estuvimos de acuerdo en creer.

El sistema de creencias constituye el reino de la mente; no podemos verlo ni medirlo, pero sabemos que existe.

Tal vez lo que no sabemos es que esta estructura sólo existe porque la hemos creado nosotros.

El cambio es el resultado de la acción; es el resultado de la
práctica.

La práctica hace al maestro.

Todo lo que has aprendido, lo has aprendido mediante la
repetición y la práctica.

Si practicas ser impecable con tus palabras, si no te tomas
nada personalmente, si no haces suposiciones, romperás
miles de acuerdos que te mantienen atrapado en el sueño
del infierno.

Haz siempre lo máximo que puedas es el acuerdo que todo
el mundo puede llevar a cabo.

Tu máximo es, de hecho, lo
único que puedes hacer.

Y lo máximo que puedes hacer no significa que en ocasiones das un 80% y en otras sólo das el 20%.

Siempre das el 100%.

Tu máximo dependerá de si te sientes físicamente cansado
o renovado.

Tu máximo dependerá de cómo te sientes emocionalmente.

La verdad no necesita que tú creas en ella; la verdad
sencillamente es y sobrevive tanto si crees en ella como
si no.

Las mentiras necesitan que creas en ellas.

Si no te crees las mentiras, no sobreviven a tu escepticismo y
simplemente desaparecen.

Cuando aprendes a escuchar, eres respetuoso con los
demás.

Cuando aprendes a escuchar, sabes exactamente lo que
quieren los demás.

Que otras personas quieren algo no significa que tú tengas
que darles lo que quieren.

La gente está siempre tratando
de captar tu atención porque, a través de la atención, pueden descargar cualquier información.

Si no aprendes a escuchar, nunca comprenderás lo que estoy compartiendo contigo ahora mismo.

Sacarás precipitadamente una conclusión y reaccionarás como si se tratara de tu sueño cuando no lo es.

Por consiguiente, quizá lo que yo digo es la verdad o no lo
es, pero tal vez lo que tú crees no es la verdad.

Yo sólo soy la mitad del mensaje; tú eres la otra mitad.

Soy responsable
de lo que digo, pero no soy responsable de lo que tú
entiendas. 

Tú eres responsable de lo que tú entiendes; tú
eres responsable de cualquier cosa que hagas con lo que
oigas en tu cabeza, porque tú eres quien da significado a cada palabra que oyes.

Si comprendes el quinto acuerdo, verás la razón por la que no necesitas creer lo que puedes ver, lo que ya sabes sin
palabras.

La verdad no viene con las palabras.

La verdad es silenciosa.

Es algo que simplemente sabes; es algo que puedes sentir sin palabras y esto se llama conocimiento silencioso.

Sé escéptico, pero aprende a escuchar y entonces
elige.

Sé responsable de todas las elecciones que hagas
en tu vida.

Ésta es tu vida; no es la vida de nadie más y descubrirás que lo que tú haces con tu vida no es asunto de nadie más.

Somos víctimas de todos los símbolos que creamos, somos
víctimas de todas las voces en nuestra cabeza, somos
víctimas de todas las supersticiones y distorsiones de nuestro conocimiento.

En el sueño de la segunda atención empezamos a dudar:
“Quizá todo lo que he aprendido no es la verdad”.

Empezamos a desafiar lo que creemos; empezamos a
cuestionarnos todas las opiniones que aprendimos.

Sabemos que hay algo en nuestra cabeza que nos lleva a
hacer muchas cosas que tal vez no queremos hacer –algo
que tiene el control total de nuestra mente-- y no nos
gusta. Y como no nos gusta, en un momento determinado
empezamos a rebelarnos.

Los seres humanos cargamos con nuestro pasado, con
nuestra historia, y es exactamente como si cargáramos con
un pesado cadáver.

Para algunos no es tan pesado, pero para la mayoría de la gente ese cadáver es muy pesado.

Y no sólo es pesado; huele muy mal.

Lo que muchos de nosotros
hacemos es quedarnos con nuestro cadáver y compartirlo
con las personas que amamos.

Digamos que estás viviendo con culpabilidad y vergüenza
por un error que cometiste hace diez años.

La excusa para tu sufrimiento es: “Cometí un terrible error”.
Y piensas que todavía estás sufriendo por algo que ocurrió
hace diez años, pero la verdad es que estás sufriendo por
algo que ha sucedido hace diez segundos.

Cuando eres completamente auténtico, te dices la verdad
a tí mismo, sin dudas: “Me gusta; no me gusta. Lo quiero;
no lo quiero”.

No tienes que hacer lo que no te gusta hacer.

Disfruta tu vida haciendo exactamente lo que te gusta hacer.

Nos hacemos la vida difícil cuando tratamos de sacrificarnos
por alguien más.

Indudablemente, no estás aquí para sacrificarte a tí mismo por otra persona.

En ese momento descubres que te resulta mucho más fácil
ser tú mismo que tratar de ser lo que no eres.

No necesitas competir con nadie; no necesitas compararte
con nadie.

El respeto, empieza por nosotros mismos y después se
extiende a todas las personas y a todo lo que nos rodea.

Si no nos respetamos a nosotros mismos, ¿cómo podemos respetar a los demás o a cualquier otra cosa?

Cuando te respetas a tí mismo significa que te aceptas tal y
como eres.

Cuando respetas a otras personas, significa que
las aceptas exactamente como son.

El respeto se basa en la aceptación completa de todo lo que existe tal y como es, no tal y como queremos que sea.

Una vez que te aceptas a tí mismo exactamente cómo eres,
dejas de establecer juicios sobre tí mismo.

Una vez que aceptas a todos los demás exactamente como son, dejas de establecer juicios sobre ellos.

Entonces, algo increíble
acontece en tu mundo: encuentra la paz.

Nunca seré yo quien escriba tu historia, del mismo modo
que nunca permitiré que nadie escriba la mía.

Respeto tu mente, tu sueño, tu creación.

Respeto cualquier cosa en la
que creas.

Puedes culpar al mundo entero por lo que sea que te esté
ocurriendo o puedes responsabilizarte de tu historia.

Hay tres lenguas en el mundo de los seres humanos: el
lenguaje del chismorreo, el lenguaje del guerrero y el
lenguaje de la verdad.

El lenguaje del chismorreo, cuando hablamos esta lengua,
nuestro mensaje está distorsionado.

El lenguaje del chismorreo es el lenguaje de la víctima; es
el lenguaje de la injusticia y del castigo.

Es el lenguaje del
infierno, porque todo ese chismorreo está totalmente hecho de mentiras.

Pero los seres humanos siempre chismorrearán
porque estamos programados para chismorrear hasta que
en nuestro interior cambia algo que también está en el
programa.

El segundo lenguaje es el del guerrero.

Cuando hablamos
esta lengua, a veces decimos la verdad y otras veces decimos
mentiras, depende de nuestra conciencia.

El tercer lenguaje es el lenguaje de la verdad y cuando
hablamos esta lengua, apenas hablamos.

¿Qué tipo de mensajero eres?

¿Transmites la verdad o
transmites mentiras?

¿Percibes la verdad o sólo percibes
las mentiras?

Todo está entre la verdad y las mentiras.

Siempre estás entregando un mensaje a todas las personas
que te rodean, pero principalmente, siempre que te rodean, pero principalmente, siempre te estás entregando un
mensaje a tí mismo.

¿Cuál es el mensaje?

Ese mensaje es el
más importante porque es un mensaje que eleva a tu vida
entera.

¿Qué tipo de mensaje escoges entregar?

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