EL CASTILLO DE CRISTAL















Cuentan que en un lugar muy lejano, hay un hermoso Castillo de Cristal tan bello y tan radiante que cautiva el corazón de aquellos que lo han visto.


Por dentro los colores son de una tonalidad tan brillante que no necesita iluminación artificial. Se dice que este castillo se encuentra en la tierra de Agastia. Sus habitantes son seres muy bellos y luminosos, los jardines tienen las flores más bellas y exóticas y hay árboles que dan frutos tan deliciosos como jamás se han probado en otra parte.


La leyenda de este castillo llegó una vez a los oídos de un joven que queriéndolo conocer, emprendió la aventura de encontrarlo. Le habían dicho que se encontraba cerca del las montañas azules, por lo que sin medir obstáculos, se puso en marcha.


Llegó cerca del castillo y en cada amanecer, veía los refulgentes colores que éste emanaba al salir el sol. Apresuraba su paso, pero a medida que avanzaba, el castillo parecía desaparecer.


Cansado de tanto caminar, sé sentó a descansar a la sombra de un árbol. En ese momento vio a un anciano que, cerca de él, estaba meditando. El joven esperó a que el sabio anciano terminara de meditar y con profundo respeto, le preguntó si sabía de la existencia del Castillo de Cristal.
"Conozco el Castillo" le contesto el sabio.
"Dime cómo puedo llegar hasta él – le dijo el joven – pues sólo lo veo al amanecer pero cuando me quiero acercar, se esconde."
"Por supuesto que se esconde – contestó el sabio – pues solo los que tienen la llave mágica pueden entrar en él."


"Dentro del castillo hay tesoros inimaginables para el hombre y por eso el que no está preparado no puede entrar. Si se les despierta la ambición se llevarían los tesoros que solo se le conceden al que está preparado."


"Y dime – replicó el joven – ¿cómo puedo hacer para tener la llave mágica para entrar?
"Tienes que amar y respetar a la naturaleza, ser bondadoso con aquellos que lo necesiten y sobre todo, buscar la llave de la entrada que está en el sol."
¿En el sol? – preguntó el joven.
"Así es – respondió el sabio. Cada mañana ve a esperar la salida del sol y pídele que te dé su luz, su calor y su amor. Cuando él sienta que eres sincero, te dará la llave mágica con la que podrás entrar en el Castillo de Cristal."
"Gracias" – le dijo el joven despidiéndose del anciano.


El Sabio lo miró con ternura y le hizo una advertencia: "Muchos han cruzado por este camino en busca del Castillo de Cristal pero pocos lo han encontrado… se cansan de buscarlo o quedan atrapados por unos enemigos que les impiden el paso. Uno de estos enemigos es la pereza, que los duerme y no ven cuando sale el sol y no pueden encontrar la llave mágica. Otros encuentran piedras en el camino y las confunden con tesoros, se contentan, se distraen y suspenden su búsqueda.


Te advierto que solo el trabajo constante te hará conseguir la llave del Castillo de Cristal y sus magníficos tesoros" – y diciendo esto, el sabio desapareció.
El joven siguió su camino.


Todas las mañanas esperaba la salida del sol y le pedía que le diera su luz, su calor y su amor. Pasaron muchos, muchos días y cuando casi estaba a punto de darse por vencido, el Sol le contestó porque lo sintió sincero y dejo caer en su mano la llave que le abriría las puertas del Castillo.


Loco de felicidad esperó el siguiente amanecer para ver los hermosos colores que salían del Castillo, y entonces ocurrió lo que tanto deseaba. El Castillo se hizo visible para él. Metió la llave mágica en la puerta. Su corazón cantaba de alegría porque lo que tanto había anhelado se hacía realidad. Recordó todo el trabajo realizado, todo su esfuerzo… ¡por fin llegaba a la anhelada meta!


Cuando metió la llave y abrió la puerta, le pareció que el castillo le daba la bienvenida. Una música celestial llenó sus oídos, a sus ojos llegaban las más hermosas luces que hubiera visto jamás y su olfato quedó impregnado de un maravilloso aroma.


¡Cuánta belleza había en el interior del castillo!


Sus habitantes le dieron la bienvenida. "Hace tiempo que te esperábamos – le dijeron – ahora formas parte de nuestra familia".


Y compartieron con el joven sus tesoros y sus secretos.


El joven encontró nuevamente al sabio convertido en un joven muy apuesto.


El sabio le dijo: "Bienvenido a Agastia, la tierra de los hombres luz, la tierra de los que han aprendido a amar a todos por igual.
Y el joven fue muy feliz en su nuevo país.


En cada amanecer el Castillo de Cristal se ilumina y se deja ver por instantes esperando a otro joven que tal ves seas tú, para mostrarle sus tesoros…

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