EL SUEÑO MAS LARGO



Muchas veces olvidamos lo esencial y dejamos de creer en cosas tan importantes como el amor, la fe y la paz. 

Pero es con esperanza, que siempre encontraremos la manera de seguir adelante.

Una persona sin esperanza es alguien sin sueños, sin ideales, sin optimismo, sin porvenir. Cuando no hay esperanza, la desesperanza ocupa su lugar. Aparece entonces el espíritu derrotista y sobreviene el fracaso. 


La persona con esperanza tiene una mente positiva y optimista. Cree en el triunfo del bien sobre el mal. No desfallece en la lucha, se levanta cuando cae, confía en la dirección divina y conserva la alegría de vivir. 

La verdadera esperanza nos ayuda a resolver nuestros problemas y nos anticipa el amanecer de un día mejor, cuando cesarán las angustias humanas y habrá bienestar completo para todos. Este es el tema luminoso de estas páginas. ¡Conozca la fuente de la esperanza y renueve su vida!

La esperanza de los hombres está en Dios.
Si el hombre no deposita su esperanza en Dios es, en realidad, un ser perdido, un ser sin brújula que se perdió en los confines de su existencia porque caminó con la escuadra, olvidando el compás...

La esperanza es el sueño del hombre despierto, dijo Aristóteles (384 AC-332 AC); pero en los tiempos que vivimos -los de la globalización y los avances tecnológicos- el hombre es un ser desesperanzado, quizá porque está vacío de contenidos y de significados.


Necesitamos acercarnos a la Divinidad; necesitamos comprender que es mejor caminar y viajar llenos de esperanza que llegar al destino, y sobre todo, llegar solo por llegar.

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